lunes, 9 de abril de 2018

ALIMENTACIÓN EN PRIMAVERA. CARACTER Y EMOCIONES


Buscar fuera lo que está dentro es una tendencia humana sobre la que ya nos orienta el Tao Te King cuando dice: “Sin salir de la puerta, se conoce el mundo. Sin mirar por la ventana, se ve el camino del cielo. Cuanto más lejos se va, menos se aprende”. Observo actualmente una inclinación generalizada a la terapéutica externa, a regular las emociones desde el exterior. La toma de consciencia, el conocimiento psicológico de sus mecanismos, el dejarse sentir, acogerlas, agradecerlas, practicar la contemplación, el baile y la expresión corporal, hacer ejercicio, etc. han sido ,y siguen siendo, un componente importante de la ecuación hacia la conquista de la emociones.

Deseo mostrar la otra cara de la moneda, la cara biológica y fisiológica del mundo emocional.

Las emociones están estrechamente vinculadas con la estructura y la función de nuestros órganos, con la cantidad y calidad de energía que reciben y con el patrón de vibración que sostienen en el tiempo. En mi opinión, las afecciones emocionales tienen su causa en la siguiente proporción: 80% causas biológicas y fisiológicas, 20% causas vitales y experienciales.

Desde la Medicina Tradicional China el concepto de órgano se aborda desde su función, y no queda circunscrito a una estructura anatómica si no que se consideran también otras partes del cuerpo que mantienen relaciones específicas con un órgano determinado. Desde un punto de vista complementario de la ciencia occidental y oriental entendemos que si algunas estructuras orgánicas de nuestro cuerpo están sensiblemente dañadas, los órganos en cuestión, tendrán una funcionalidad alterada, tal desequilibrio estructural y funcional se puede manifestar en nuestra vida en forma de pensamientos, sensaciones y emociones desagradables: angustia, ansiedad, miedos, irritación, agresividad, abatimiento, confusión, suspicacia, desorden, inconstancia, falta de voluntad, rigidez mental, etc.

De la misma forma, si la cantidad de energía que recibe un órgano es excesiva o insuficiente, o contiene una calidad tóxica, dicho órgano va a funcionar con un importante desajuste, lo cual se mostrará como un estado psicológico y emocional alterado. Finalmente, si el patrón vibracional que sostiene un órgano tiene que ser permanentemente reajustado, desde unos valores muy diferentes a los que el órgano requeriría, también nuestras emociones estarán en constante reajuste, lo que conlleva con el tiempo, a mantener estados patológicos asociados, por ejemplo, a la psicosis bipolar.

Cuando estos desequilibrios son constantemente alimentados por estilos de vida ampliamente desconectados de la naturaleza, nuestro sistema se expresa mediante un estado psicológico, un carácter, una forma de ser y unas emociones poco armónicas.

A menudo consideramos que el carácter que tenemos es inherente a nuestra constitución, naturaleza o genética, es decir, que ‘somos así’. Pero lo cierto es que puede ser consecuencia de una estructura, función, energía, o vibración en mal estado de alguno o varios de nuestros órganos principales: riñón, hígado, corazón, estómago e intestinos. Es muy importante, por lo tanto, comprender que gran parte de los problemas psíquicos y emocionales tienen su fundamento en el decaimiento de nuestras estructuras y nuestra condición orgánica, ya sea por desgaste, intoxicación, pobre circulación, hábitos alimentarios, hábitos vitales, etc.

Para mejorar la condición de nuestro organismo se recomienda principalmente adecuar nuestras pautas alimentarias tratando de seleccionar, en cada momento, los alimentos y preparaciones óptimas para cada uno de nosotros.

En el caso del hígado, órgano asociado al actual momento del año (primavera, movimiento Madera), podemos decir que, según su histología, tiene funciones como la secreción endocrina, la producción de la bilis, el almacenamiento y modificación de sangre, vitaminas u hormonas y que es un centro de detoxificación de primer orden. En relación a su comprensión bioenergética su función es la de regular el flujo de la energía por todos los rincones del organismo. El buen estado de su estructura y de su función se manifiesta en un carácter y estilo personal flexible, adaptable y comprensivo.

Cuando el hígado está bloqueado y la energía no puede fluir adecuadamente por el organismo manifestamos rigidez mental, crítica, impaciencia, ira, agresividad. Las causas de este desajuste fisioenergético las encontramos en el consumo excesivo de grasas saturadas, sal refinada, frutos secos, lácteos y otros alimentos contractivos. El consumo de alcohol, azúcar y especias. El consumo habitual de productos secos, salazones, fritos y sofritos. La exposición a tóxicos ambientales, pesticidas o fármacos. La propensión a la contención emocional. La vivencia repetida de situaciones frustrantes que no nos gustan. El exceso de luz directa en los ojos por el abuso de pantallas de ordenador, teléfonos móviles, etc.

Entre los síntomas más comunes de este bloqueo de hígado están la incomodidad interna y emocional. La respiración entrecortada, superficial y no fluida. El frío y rigidez en las extremidades. La rigidez mental y emocional. Las crisis personales y laborales. La irritabilidad y agresividad. Las adicciones. La depresión, etc.

Las recomendaciones alimentarias para este desequilibrio incluirían: Tomar cereales integrales bien cocinados. Frutas liofilizadas y rehidratadas. Verduras de hoja verde. Germinados. Pequeñas cantidades de fruta roja o manzana. Alimentos cocinados al vapor, salteados sin tapa, plancha y caldos.


Pablo Martín Rivera
Consultor de Macrobiótica en La Biotika www.labiotika.es

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